
Rocam - Moto patrulla de la Policía de Sao Paulo, Brasil
No cualquiera puede formar parte de esta unidad; solo policías militares con experiencia, excelente condición física, perfil disciplinario impecable y las destrezas extraordinarias sobre una moto propias de un inscrito en el mundial de velocidad.
El proceso de formación es tan duro como discreto. El curso, que varía según el estado, tiene una duración de un par de meses y filtra con exigencia a los candidatos. Primero hay que aprobar las pruebas físicas y luego demostrar la destreza requerida sobre motocicletas de tipo medio como la Honda CB 500X o la Yamaha XTZ 250 Lander. Ni muy pequeñas para poder albergar cierta potencia, ni muy grandes —y pesadas— para ser manejadas por callejones angostos.
A partir de ahí empieza el verdadero adiestramiento: conducción extrema en entornos urbanos, maniobras cerradas con el «garupa» —el agente que va detrás, armado—, frenadas de emergencia, persecuciones en tráfico denso, recorridos en favelas o abordajes en movimiento.
Se entrena tiro desde la motocicleta, reacción ante emboscadas, formaciones de bloqueo y despliegue en abanico. También hay caídas controladas, recuperación en segundos, enmarcadas en jornadas extenuantes con chaleco antibalas puesto todo el tiempo bajo el siempre presente calor tropical. El objetivo no es solo formar: es separar a quienes pueden resistir de quienes no. Muchos abandonan antes de obtener el parche ROCAM, símbolo respetado y temido en todo Brasil, un parche que el cantante Michael Jackson mostraba ufano en muchas de sus actuaciones. Tras una visita a Brasil, el cantante quedó fascinado con su estética y con frecuencia fue visto con su distintivo puesto en el brazo, micrófono en mano.
Evaluación continua
Una vez superado el curso, el entrenamiento no cesa. Llegan más persecuciones simuladas, prácticas de tiro táctico, ejercicios conjuntos con unidades especiales como el BOPE, convoyes mixtos de motos y vehículos blindados. ROCAM se entrena para todo tipo de escenarios, aunque su especialidad es una: el combate urbano. En calles cuyos extremos se podrían tocar estirando los brazos, en pasajes sin asfaltar o en barrios donde los coches patrulla no se atreven a entrar, ellos avanzan… a toda velocidad.
Las funciones de ROCAM se despliegan en cuatro líneas esenciales: patrullaje en zonas de riesgo, persecución de delincuentes motorizados, intervención en operativos de choque y ejecución de acciones relámpago en favelas. Su presencia es disuasoria por diseño. Un grupo de motocicletas negras, con agentes uniformados de forma idéntica, cascos cerrados y fusiles cruzados a la espalda, ya impone.
En protestas o disturbios, forman cordones móviles que quiebran multitudes. En persecuciones, igualan la ventaja de los criminales. En operaciones en favelas, se adelantan a los patrulleros, cruzan escaleras, callejones y capturan a delincuentes con las manos en la masa.
Distintos métodos, misma finalidad
Las motocicletas se adaptan según región, pero entre los modelos habituales están la Honda XRE 300, la Yamaha Lander 250 y la CB 500X. En el cuerpo, pistolas reglamentarias —normalmente Taurus 9 mm o calibre .40 S&W—, escopetas calibre 12 y fusiles de asalto IA2 o Colt M4, especialmente en acciones más pesadas. El uniforme incluye casco integral con visera oscura, chaleco antibalas, botas reforzadas y radios portátiles integrados al casco o al chaleco para una comunicación constante.
La ROCAM tiene un rostro público tan potente como ambiguo. Para muchos ciudadanos representa una garantía: la acción rápida, la presencia firme, el ruido de las motos que disuade. En zonas donde el crimen es rutina, la ROCAM es a menudo la única frontera entre el desorden y la estabilidad. Pero para otros sectores, especialmente críticos con la violencia institucional, es un símbolo de represión. La imagen imponente de los agentes no es neutral. Su estética recuerda a unidades paramilitares, y esa percepción ha calado en la cultura popular.
En 2012, en plena crisis de seguridad en São Paulo —con un aumento del 34 % en homicidios y más de cien policías asesinados en el año—, la ROCAM buscó un nuevo enfoque. Inspirándose en cuerpos policiales europeos, especialmente españoles, lanzaron una estrategia digital: redes sociales como canal de acercamiento. La idea era simple: no basta con estar en la calle, hay que estar en la pantalla. Mostrar su trabajo, sus rutinas, incluso su lado humano funcionó. Su cuenta en TikTok es muy popular y cuenta con cientos de miles de seguidores.










